Los hinchas saben que no hay jugador, técnico o comisión directiva que los aleje de su sentimiento por los colores. ¿Cómo alientan? ¿Sobre qué cantan? ¿Qué canciones son en favor de sus equipos y cuáles se dedican a cargar a sus rivales? Y la violencia, ¿qué espacio ocupa?
Lucila Rossi -Alumna TEA-
Los vestuarios están callados. Los jugadores se retiran serios del estadio. Es que los tres grandes del fútbol argentino tienen poco con qué regocijarse.
Independiente es extrañamente irregular. Puede ganar un partido por goleada como pederlo de la misma forma. River es la antítesis de lo que fue. Y Boca.... Boca tiene por qué sufrir. Se retiro del campeonato a mitad del Clausura y hace dos semanas quedó eliminado de la Copa Libertadores.
Pero los hinchas siguen yendo a la cancha. Ellos saben que no hay jugador, técnico o comisión directiva que los aleje de su sentimiento por los colores. ¿Cómo alientan? ¿Sobre qué cantan? ¿Qué canciones son en favor de sus equipos y cuáles se dedican a cargar a sus rivales? Y la violencia, ¿qué espacio ocupa?
Se despliega un enorme telón con la leyenda “Los diablos rojos, el orgullo nacional”. En el medio, el escudo del glorioso diablo. El equipo está por salir al campo de juego y las clásicas cintas blancas vuelan de las manos de los hinchas para quedar colgadas sobre el alambrado. La barra entra con la murga oficial del club, que se encarga ahora también de la fiesta en la popular. Las trompetas suenan mientras los bombos marcan el compás de la música. Los paraguas rojos y blancos inundan “los tablones”. Y la hinchada, en su conjunto, corea.
Rojo, mi buen amigo,
esta campaña volveremos a estar contigo,
te alentaremos de corazón,
esta es tu hinchada que te quiere ver campeón.
No me importa lo que digan,
lo que digan los demás,
yo te sigo a todas partes
cada vez te quiero más.
Los vestuarios están callados. Los jugadores se retiran serios del estadio. Es que los tres grandes del fútbol argentino tienen poco con qué regocijarse.
El silbato suena y la pelota comienza a recorrer el campo. Se hace dueña del césped y magnate del encuentro. Pero los fanáticos no olvidan algo primordial. El aliento es parte del espectáculo y puede cambiar la historia de un partido. La locura por ese color hace brotar de los poros frases enamoradizas. Pero, al igual que en el amor, hay sentimientos que matan. O pretenden matar.
Yo te quiero Independiente
y siempre te voy a alentar,
es la banda que va a todo lados
corriendo a la Guardia Imperial,
vamo' a matar a un bostero,
una gallina y un botón,
el Rojo es un sentimiento,
es una pasión,
oh, oh, oh.
Mientras el estadio palpita, algo huele mal. Y sí. Al igual que la pelota, los fasos no dejan de correr. Debajo de banderas o con las cabezas agachas, “los porreros” encienden su cañito. La apología comienza.
En Avellaneda, existe una gran banda
que lo sigue a Independiente
con el vino y con la pala.
Al Rojo lo quiero,
por eso vengo a alentarlo,
aunque gane o aunque pierda
nunca voy a abandonarlo.
Los put.. de River, los put.. de Boca,
nos chupan la pij...,
somo´ el Rey de Copas.
Y vos Academia, tenés que entender
que sos una empresa, que se fue a la “B”.
Y vos Academia, tenés que entender
que sos una empresa, que se fue a la “B”.
La canción se repite dos o tres veces, hasta que hay corner para el rival. Y la hinchada, casi sin darse cuenta, vuelve a alentar verdaderamente a su equipo.
Dale, dale, Ro,
en las buenas y en las malas
siempre voy con vos.
Yo no sé por qué
este loco sentimiento no puedo entender.
Hoy hay que ganar,
esta hinchada se merece un campeonato más,
te vengo a alentar,
donde juegue Independiente siempre es carnaval.
Yo soy así, del Rojo hasta morir,
de la cuna hasta el cajón, te voy a seguir.
es la que siempre te alienta,
si estuvimos en las buenas,
en las malas mucho más.
Siempre voy descontrolado
y copamo´ en todo lados,
con los bombos y las banderas,
ya comienza el carnaval.
Vamo´, Independiente,
que tenés que ganar,
la banda esta loca,
hoy quiere festejar,
por eso te pido
que pongas más huevos
con el corazón
para poder ser campeón.
A media hora de la cancha de Huracán, donde Independiente ejerce su localía, un colectivo de la línea 25 frena, y el chofer abre las puertas. Los hinchas fervorosos bajan a los empujones y golpeando el techo. Acá todo se vale.
No faltan los revendedores de entradas ni el típico vinito en una botella cortada de gaseosa.
La 12 se aglomera en una de las bocas de la cancha. La popular la espera. Los bombos dan el pitazo en la tribuna y se arma la fiesta.
Señores dejo todo,
me voy a ver a Boca
porque los jugadores
me van a demostrar
que salen a ganar,
quieren salir campeón,
que lo llevan adentro
como lo llevo yo.
Toda esa gente dice que no comprende
esta pasión que siento yo por vos,
por eso Boca quiero que pongas ganas,
quiero que des el alma, también el corazón.
Y esta es la 12 que siempre está de fiesta,
la que siempre te alienta,
para salir campeón.
Y dale, Boca, y dale, dale, Boca,
y dale, Boca, y dale, dale, bo.
El partido comenzó hace 15 minutos. Y la gente parece disfrutar más de lo que hace ella que de lo que se ve en el campo. Los fanáticos insisten con ser protagonistas. Lo que vale en la popu es ser, o en estos casos, demostrarse más grande.
Yo solo quiero quemar el gallinero,
que se mueran los Cuervos y la Guardia Imperial.
Vamos, Xeneizes, con huevo´ vaya al frente,
te lo pide la gente, quiere otra vuelta más.
Pasan los años, pasan los jugadores,
la 12 está presente y no para de alentar.
Por eso yo te quiero dar, Boca, mi corazón,
yo te sigo a todas partes, gracias por salir campeón.
Vos, vas a cobrar, River, sos un cagón,
esos no son los borrachos, son los putos del tablón.
Otra, otra vuelta, Boca,
otra, otra vuelta, Boca.
Sabés que yo siempre te vengo a ver, Xeneize,
hay que poner más huevo,
no podés perder, hay que ganar.
Esta es tu hinchada, que te va a alentar
en las buenas y en las malas hasta el final.
Podrán imitarnos pero jamás,
pero jamás nos van a igualar.
Esa última frase queda plasmada, y no sólo en el cántico. También aparece en uno de los dos telones con los que cuenta Boca. La bandera gigante flamea. Y la gente enloquece.
Los trapos robados a River se muestran como trofeos. Ser guapo y siempre alentar es la premisa.
Pero el Millonario cree que los Xeneizes no cumplen. Varias banderas con un audio tachado pueden explicarlo todo. Sí, en varias oportunidades los barras de La 12 colocaron parlantes en la tribuna. Y River lo disfruta.
Che, bostero, mirá qué distintos somos,
ustedes van con la yuta, nosotros aguantamos solos.
Ay, che bostero, qué diferencia que hay,
acá no hay banderas negras y la hinchada no se va.
Vos sos vigilante, ésa es la verdad,
venís custodiado al Monumental.
Los pibes de River a la Boca van,
todos caminando, sin la federal.
Parece ser que el aguante importa más que las copas y títulos que se obtengan. Pero todo depende de contra quién se juegue y qué convenga.
Independiente tiene siete Libertadores y dos Intercontinentales mientras que Boca cuenta con seis y tres respectivamente. Pero, ¿por qué al Rojo se le atribuye el mote de Orgullo Nacional? Por la calidad de sus conquistas. Obtuvo sus logros durante los 90 minutos de sus partidos, en tanto que el club de la Ribera consiguió muchas de sus copas a través de penales. Además, se dice que el club azul y oro es beneficiado por la Afa y las invitaciones a los títulos internacionales. Se los carga con el apodo de Rey de Compras. ¿La respuesta del lado Xeneize? Que los Diablos entraban en la década del 60 en cuartos de final de la Libertadores. Pero eso corría igual para todos, ya que el que se atribuía ese derecho era el que salía campeón nacional.
Y River, ¿qué papel juega? Ganó más campeonatos locales que ninguno, y al igual que Independiente siempre se lo consideró un club con buen juego. Su rica historia e Institución lo hacen grande. Pero esto no le alcanza para vapulear a Boca en la tribuna. Necesita aferrarse de algo más. Y sí, de que los boquenses son, para ellos, inmigrantes.
Hay que saltar,
hay que saltar,
el que no salta
es de Bolivia y Paraguay.
Pero a los Xeneizes no les importa, o por lo menos se hacen los desentendidos. Ellos están felices por ser “la mitad más uno”. Y al fin y al cabo también saben que tienen de hijo a su principal rival. Y así lo sienten.
Ole, le,
ola, la,
no sean mal educados,
saluden a papá.
De una u otra forma, Independiente, River y Boca son los tres grandes del fútbol argentino. Y pretenden demostrarlo. Lo bueno sería que la violencia cese y tengamos un fútbol que nos enorgullezca en todas sus partes.
Cuando arranque una nueva fecha, la pelota correrá por todas las canchas. Esperemos que sea el comienzo de un cambio. Porque esto es fútbol, señores. Esto es sólo y nada menos que pasión.
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