La última operación de WikiLeaks conocida como Cablegate parece cambiar el mundo. No se trata de un “11 de septiembre de la diplomacia” pero sí de un “11 de septiembre de la información”.

María Bertoni - egresada TEA

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La deploremos o no, la última operación de WikiLeaks conocida como Cablegate parece cambiar el mundo. En contra de la torpe afirmación del canciller italiano Franco Frattini, no se trata de un “11 de septiembre de la diplomacia” pero sí de un “11 de septiembre de la información”. 

 

Antes de que apareciera WikiLeaks, existía, por un lado, un sistema de espionaje generalizado, mundializado y universal en manos de una sola potencia: los Estados Unidos. Por otro lado, un planeta compuesto por redes aspiraba a más información y exigía mayor transparencia.

 

Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU y las demás potencias anglosajonas pusieron en marcha la red Echelon, destinada a espiar comunicaciones mundiales de toda naturaleza. Con la creación deArpanet y luego de Internet, este control permanente ejercido por la National Security Agency (NSA) no hizo más que agravarse.

 

Hoy WikiLeaks se conforma con practicar pequeñas fisuras en la represa que defendía una zona de alta presión donde la información se encontraba comprimida. En forma instantánea, la información liberada invadió la zona de baja presión, y provocó diversas filtraciones tal como sugiere el logo institucional que ilustra este post.

 

El escándalo mediático es ensordecedor. ¿Pero qué sucederá mañana? Como aguja en un pajar, la información seguirá escondiéndose de las masas.

 

En este contexto global, debemos aprender a convivir con un nuevo concepto de información. El problema no es que sea accesible o esté disponible para más gente, sino que podamos explotarla con herramientas de búsqueda y análisis pertinentes. De hecho, con este objetivo en mente, WikiLeaks se apoyó en aplicaciones que desarrolló el sitio francés Owni, muy informado y en ocasiones bastante crítico de WL.

 

¿Habrá que añorar el pasado? Evidentemente no. ¿Acaso Hillary Clinton puede dar alguna lección después de haberles solicitado a sus embajadores que consigan muestras de ADN o datos de tarjeta de crédito ajenos?

 

La pretendida “transparencia” universal es una utopía. La manipulación de la información no dejará de producirse. Ahora más que nunca, el espíritu crítico, la distancia analítica, la independencia de criterio son indispensables para situarnos en una aldea global donde, como en las aldeas o pueblos de antaño, todo el mundo sabe todo sobre todos, pero nada de nada en realidad.

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Ésta es la traducción del post que Pierre de La Coste publicó en su Club de l’ Hyper République. El autor es consultor en Tecnologías de la Información.


 



Palabras claves: Escándalo, WikiLeaks

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