Hoy, Maradona es más humano que nunca y quedó permeable a todas las críticas feroces (de los periodistas serios, que se animan de verdad) que recibirá el inoperante funcionamiento de su apática Selección.

Juan Pablo Veli

Compartir: 

Es desoladora la imagen final en el Defensores del Chaco. Cae el pelotazo al área y Palermo se la baja al otro centrodelantero del equipo, que no llega a poder tocarla para conseguir un empate salvador. Ese otro punta que acompaña a Palermo, increíblemente, es Schiavi, que a sus 36 años pasó de ser una convocatoria de último momento para reforzar la defensa a buscar un cabezazo milagroso como seudo faro de área. Nada más que decir. Argentina venía de un examen reprobado ante Brasil, se fue al recuperatorio y volvió a estrellarse, esta vez contra Paraguay. Se tocó fondo, ya no estamos ni en la zona de clasificación directa al Mundial 2010. Hoy, Maradona es más humano que nunca y quedó permeable a todas las críticas feroces (de los periodistas serios, que se animan de verdad) que recibirá el inoperante funcionamiento de su apática Selección.

 

Paraguay superó a la Argentina holgadamente y no hubo más de un gol porque el debutante Romero estuvo rápido para intervenir y dos veces la pelota fue devuelta por los palos. Mientras Cabañas y Haedo Váldez fueron las figuras, incontrolables para toda la quebradiza defensa albiceleste, los de Diego Maradona probaron contra el arco de Justo Villar únicamente en tres oportunidades. Y todas liberadas de riesgo verdadero peligro. Otra vez, fueron un manojo de voluntades descompaginadas, sumadas a la falta de individualidades que consigan romper la opacidad y a la falta de una conducción que sepa marcar el camino. Messi volvió a defraudar -esta vez ni siquiera fue movedizo para participar- y Verón, tirado sin peso por la banda derecha, terminó yéndose expulsado por no poder controlar su vehemencia.

 

Paraguay venía de actuaciones bajas, muy lejos de aquel combinado guaraní que armó Martino en el inicio de las Eliminatorias. Tuvo su renacimiento y, al igual que Brasil, logró sellar su pasaje a Sudáfrica 2010, aprovechándose de la anemia que reina en el conjunto de Maradona. Lo de los del Tata fue la contracara absoluta de lo hicieron los del Diez. Presión asfixiante, como mínimo dos camisetas albirrojas a la caza de cualquiera de las celeste y blanca, sinergia y sacrificio para retroceder en bloque a la hora de defender y una marca escalonada y fuerte para franquear a Messi y Agüero. La fricción que prometió Martino, pero acompañada por un toque prolijo para controlar el balón, circularlo y utilizarlo a un toque, para apuñalar en profundidad con los movimientos de Cabañas y Haedo Valdez. Tuvo razón Maradona en la conferencia, no los tomaron como se debía, les dejaron demasiada libertad para moverse, lástima que no lo advirtió antes o durante el encuentro.

 

Era para grabar el gol local. Pelotazo dividido que gana Haedo Valdez de arriba, Cabañas planea en una baldosa y se libra de sus marcadores con un giro, pared con Barreto y, de primera, habilitación para que el mismo Haedo Valdez sea quien sentencia con un zurdazo. Fue una de las tantas combinaciones que los paraguayos realizaron ante la impotente mirada rival. Ganaron en cada zona siempre.

 

Ellos fueron compactos, bien juntos para defender y asociados para atacar. Un equipo. Argentina hizo agua en cada metro de la cancha. Papa fue igual de intrascendente que Heinze como lateral, aunque por lo menos sus intervenciones no fueron autodestructivas para el equipo. Gago y Verón intentaron llevar la bandera, pero fracasaron rotundamente y no ayudaron en nada a la peor versión de Mascherano -¿qué te está pasando, Jefecito?-. Esta vez no hubo fierrazo y Dátolo fue la pieza a cambiar para la entrada de Lavezzi. La acefalía colaboró para que Messi y Agüero -demasiado abúlicos y desconectados- volvieran a nadar en la intrascendencia absoluta. No existe un patrón de juego, no hay plan B y no hay ni una sola asociación exitosa para jugar. Es todo previsible, sin fuerza y soso. Los pelotazos con los que trató de salir Heinze en el arranque del partido, recién tuvieron utilidad en el final, cuando, en un claro acto de desesperación, Argentina terminó con Messi y Lavezzi como extremos y Palermo y Schiavi como puntas, buscando el frentazo de la salvación. Esa fue la triste idea final de la Selección, pero ni así incomodaron a Villar.

 

Estamos en repechaje y el panorama es negro. Más aun cuando no hay explicaciones por parte del técnico, quien prefiere apuntarle al periodismo como centro de la acción, en vez de buscar una solución para arreglar tan denigrante papel del equipo. El efecto admiración del principio parece extinto y el ánimo motivacional hace rato dejó de compensar la fragilidad táctica y estratégica. Recibimos dos lecciones futbolísticas en menos de una semana. Entrar de forma directa ya no depende de nosotros mismo. El Mundial se acerca, pero Sudáfrica, mientras las cosas sigan haciéndose tan mal, está cada vez más lejos.

 



Palabras claves: Selección argentina, Maradona, repechaje

No se encontraron Blogs relacionados

No hay comentarios en este Articulo



TU COMENTARIO

IMPORTANTE: Los comentarios son moderados y no se publicarán inmediatamente, no republique si no los ve. Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la opinión de Blogsdeteaydeportea.com. Todos los comentarios anónimos ofensivos o injuriosos serán borrados.


Nombre:
E-mail:
Comentario:
Validar:

Ultimos 10 Blogs
  • Cien para el aire
  • Azar para los medios...
  • El Show de la Premier League
  • Unos con otros
  • TORNEO APERTURA 2010
  • Siempre Adelantados
  • indieHearts
  • Dafne Berman
  • Cortita y al pie - Información Deportiva
  • Mal de Alzheimer