En este espacio ya hemos intentado avanzar mínimamente en la relación entre deporte y política. Primero a través de las ideas de Ortega y Gasset y más tarde a partir de la disputa electoral entre Mauricio Macri y Carlos Heller, dos ex dirigentes de Boca.
Javier Szlifman
Una entrevista publicada el lunes en el diario Olé al ex futbolista Julio Ricardo Villa puede ser un buen punto para seguir profundizando el tema.
Sos político en Roque Pérez, ¿tiene algo que ver con el fútbol?"- pregunta el periodista.
Exquisito mediocampista, Villa jugó en Atlético Tucumán, Racing y Quilmes , entre otros clubes argentinos, y en el Tottenham Hotspur de Inglaterra. "Siempre sentí la obligación de hacer una jugada que le permitiera al público disfrutar de ese momento y eso es lo que trasmito a mis dirigidos" expresó alguna vez cuando era técnico.
Pero Villa no es el único ex futbolista que se incorpora a la actividad política. Entre otros casos se puede mencionar a Claudio Morresi, (hoy secretario de Deportes de La Nación), a Roberto Perfumo (su antecesor en el cargo), a Antonio Ubaldo Rattin (ex diputado nacional por el partido de Luis Patti, hoy concejal de Vicente López), a Carlos Tapia (antiguo secretario de deportes de San Miguel bajo el mando de Aldo Rico) y a Robero Pasucci (hoy referente político de Francisco De Narváez en San Miguel).
El deporte se ha convertido en uno de los principales medios de identificación colectiva en la sociedad moderna. A su vez, la política recorrió el camino inverso en los últimos años en la Argentina. Muchos la ven como medio corrupto, incapaz de modificar la sociedad sobre la que actúa. Pero si bien el fútbol es capaz de generar emociones agradables en los hinchas, se trata mayoritariamente de sentimiento efímeros, que tienen más que ver con un estado de ánimo circunstancial que con un cambio en su realidad cotidiana.
El caso de Julio Ricardo Villa va en otro sentido, en entender la política como una herramienta para cambiar la realidad existente, o al menos avanzar en esa dirección. En aquella entrevista con Clarín, sostuvo: “La sociedad argentina debería reclamar en su conjunto, porque somos conformistas, y mientras no nos toque a nosotros, es como que no nos importa. Yo no me resigno, y lucho desde mi lugar para que la gente sea más sensible y solidaria”. Quizás sea la forma de que la felicidad dure más que 90 minutos.
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