El pánico, la pandemia, y otra vez a cuidarse en todo el mundo del contacto físico, hasta de los besos y de darse las manos, como aquella vez.

Juanjo Aguilera -Radiotea-

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“Quién fue el que te parió, asesino de probeta…”

Así atacaba el estribillo de la canción compuesta por el mítico Mezo Bigarrena, “La rosa fantasma” , a principios de la década del 80. Por aquellos años impactaba la noticia de la peste rosa, nombre informal y primitivo del SIDA, provocado por el VIH (es curioso, sólo letras sueltas y hoy todos sabemos de qué se habla).
Cuando a alguien se le ocurrió preguntar de dónde salió esa enfermedad de fin de siglo XX, que nunca había sido informada, todos se conformaron con una explicación fantástica: se trata de un virus que portaban los monos africanos y que transmitieron al hombre por vía sexual; algo mutó y castigó a quienes cometían bestialismo (relación sexual de personas con animales, dicc. RAE). Y esto se trasladó inmediatamente, claro, a las otras bestias, los que no entendían los mandatos de Dios en la cama. También se habló de primeros casos reportados de forma aislada a mediados de los años 60.

 

Parece asunto de locos, un cuento de manicomio, pero fue la excusa global, una mentira infantil que nadie cuestionó, que nadie fundamentó, y peor aún, que ningún medio de información del mundo corroboró o rebatió.
Todos prefirieron aceptar y olvidar rápido estos argumentos torpes hasta el ridículo y así millones de personas murieron en este planeta, sin saber realmente por qué y a manos de quién, mientras las multinacionales dueñas de los más grandes laboratorios se enriquecían con la venta de sus nuevos cócteles químicos.

Hoy, ya que nuestra memoria parece ser más selectiva que colectiva, no alcanzamos a recordar cómo comenzó aquella historia y ya vivimos una nueva, o mejor dicho revivimos el pasado. Se dice que un virus cambió su estructura y pasó del cerdo a una vieja campesina mexicana (si hasta aparecieron fotos), y así surgió reconvertido para matar a quien se le ponga enfrente.

El pánico, la pandemia, y otra vez a cuidarse en todo el mundo del contacto físico, hasta de los besos y de darse las manos, como aquella vez. Y como entonces nadie pregunta de qué manera se las ha arreglado el virus para mutar por arte de magia dentro de un porcino.

¿O será verdad? Será que un cochino auténtico, tal vez un grupo de cerdos logró reconvertirlo hasta alzar nuevamente hacia las nubes la productividad de los negocios de la enfermedad y la muerte.

Decían que el Mezo Bigarrena era un loco lindo, y que de tan loco el Vasco se colgó hacia el suicidio en un árbol del Parque Lezama en Buenos Aires. Antes de irse grabó dos discos y en los dos repitió para nuestra memoria (memoria: auténtico tratamiento efectivo contra el genocidio) la canción cuya letra parece ser hasta el momento el único escrito público contra la gran verdad ignorada. “Quién fue el que te parió, asesino de probeta…”.

¿De qué laboratorio salió esta nueva y productiva arma química? ¿Quiénes son capaces de matar miles o millones de humanos indefensos, desde los que están en el vientre hasta los que se despiden en su vejez? ¿Quienes son los verdaderos monos que gestaron esta nueva peste?

La impunidad es hija del olvido, y de él se alimentan los depredadores de nuestra era, los sicarios del sistema.



Palabras claves: Gripe A

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